CAPITULO 9
Luis intentaba buscar a aquel villano que tanto le había vilipendiado en millones de ocasiones, era un oportunidad de oro, sin estar con sus colegas, sin estar en pandilla, ahora podría devolverle una y cada una de las ofendas que aquel ser le había despachado sobre su persona, sin duda alguna una de esas oportunidades que el destino no brinda por casualidad. Pero había surgido un lastre en tan angustiosa misión, aquella chica de ojos profundos, de mirada perdida, Lorena había dicho llamarse estaba junto a él sin dejarle llevar a cabo su misión.
Las últimas gotas de bacardy- cola de Luis estaban a punto de extinguirse, cuando no encontraba ni rato del chaval, pero tampoco recordaba haberlo visto salir pese al tiempo que se había llevado en la cola de la entrada, sin duda alguna todavía debía estar en el interior del local haciendo sabe Dios qué y con quien, estaba completamente seguro que se estaría aprovechando de alguien inferior a él, o robando cualquier cartera.
- Bueno Luis, y a qué te dedicas – sorprendió Lorena con aquella indiscreción.
- Bueno, mi trabajo no es algo que sea muy apasionado ni tampoco muy gratificante, bastante tengo con que me da para vivir, y con no acordarme de él en fines de semana- Lorena captó la indirecta al instante.
- Ajam, algo parecido me pasa a mí. ¿Y la familia?
- Aparte de Mamá y Papá, no existe ninguna otra familia, ni mujer, ni hijos y nunca he estado casado por si piensas que soy divorciado, nunca he tenido la necesidad de tener una mujer al lado.
- Por Dios que me cuentas….
- El hombre que tiene una mujer al lado es débil, necesitar de otro ser para sobrevivir es algo que no se puede permitir, debemos ser capaces de sobrevivir por nosotros mismos. Además no creo que supiese convivir con otras personas, las personas son muy complicadas, sienten, padecen, sufre, se acongojan, trasladan sus enfados a terceras personas… Yo considero que no me merezco eso, bastante tengo con aguantar mis propios cabreos, eso ya es su…..
Luis centró su vista en el centro de la pista, allí, cubata en mano, se encontraba aquel odiado ser bailando con una chica no mucho más mayor que él con el pelo rojizo, el movimiento de aquel engendro del Diablo, no pasaba de un leve contoneo del cuerpo de izquierda a derecha, mientras ella se marcaba sus mejores galas de seducción, al parecer estaban causando efecto, por un momento Luis se fue completamente de la conversación.
- ¿Te apetece bailar? – interrumpió a Lorena de su exposición sobre la soledad a la que no le estaba prestando la más mínima atención.
- No se…- Lorena dudó un momento, no entendía ese interés supremo por algo tan trivial como bailar y lo que a ella, sin duda alguna, no se le daba nada de bien.
Luis insistió tanto que casi la arrastra literalmente a la pista de baile, incluso derramándole parte del cocktail que tan cuidadosamente le habían preparado en la barra. La música que sonaba era machacona y aberrante, pero en aquellos lugares lo último que se podía pedir era que tuviesen un poco de gusto musical, aquello era demasiado pedir para unos señores que solo piensan en como inflarse sus bolillos a costa de la juventud. Luis tiraba de Lorena hacia el centro de la pista mientras con su brazo libre apartaba a todo aquel que se interponía en su camino, en su cabeza parecía tener un punto fijo al que dirigirse mientras corría como si en ello le fuese la vida. Todo aquello le parecía demasiado raro a Lorena, cuando, al mirar al frente, se le heló la sangre al ver al ser cuya persecución le había hecho acabar en aquel antro, de mala muerte, un ser, del que sin duda no esperaba nada bueno y al que desde luego no iba a dejar escapar ahora que lo había encontrado, por un momento reparó en Luis, miraba a aquel niñato con raba contenida, ahora entendía ese interés súbito por bailar, ironías de la vida, tenían el mismo objetivo.