CAPITULO 1
La luz tenue de su baño le hacía reflejarse en su espejo más pálido de lo que parecía, su escuálida cara, sus ojeras de años atrás, parecían pesar más de lo acostumbrado ante aquel espejo. En su mano se encontraba esa hermosa herramienta que hacía que sus noches de insomnio se transformaran en noches de paseo a los brazos de morfeo, al son de una serenata que recordaba a lo lejos en su memoria como un vago recuerdo de su padre.
Ni tan siquiera Luis sabía por qué llevaba 45 años de su vida solo sin querer tener compañía de nadie, ni de hombre ni de mujer y menos cuando por el sexo se podía pagar y al menos te quedaba una sola de tus manos. No entendía la vida en convivencia, no entendía el dar explicaciones, disfrutaba cada segundo de soledad como si en una mulitudinaria orgía se encontrase o como si estuviera disfrutando de la mayor fiesta de su vida. Cada vez que sus padres venían a visitarle y les reprochaba su forma de vida no hacía más que pensar que era un puo trámite porque el que tenía que pasar una vez al mes. Normal, ellos llevan juntos desde los quince años, como les va a explicar a ellos lo que es la soledad si esa palabra la tacharon del diccionario. Ni quinientos kilometros de distancia que es a lo que se encontraba de ellos eran capaz de retraerlos de su visita mensual. Mal invento las compañías de Low Cost y aquel curso del ayuntamiento de internet para jubilados.
Luis se tomó su pastilla mientras ponía la pasta de dientes sobre su cepillo verde transparente, de aquel verde de dado de casino. Se miró de nuevo al espejo y se dijo a sí mismo: “Para qué necesitas a nadie” Con fuerza introdujo el cepillo en su boca y comenzó a cepillarse con fuerza y brío con tanto brío que le comenzaron a sangrar las encías. “Mierda” pensó.
Tras secarse la boca y apagar la luz comenzó a caminar lentamente por el pasillo. Los pasos de los niños del piso de arriba le hacía retorcerse en sí mismo nada más que cuando piensa en formar una familia. De la mesa del salón cogió aquel libro que el tiempo le había hecho gastar de Don Camilo, mil y una veces lo había podido leer pero nunca dejaba de fascinarle las historias de aquel cura. Paso a paso fue avanzando camino de su cuarto, paró en el reloj de pared eran las 22:00 de un viernes 13, aquello sonaba a película de terror barato. Se estaba dirigiendo a su cama, ¿qué mejor plan se puede tener para un viernes noche? Desapó su cama lentamente, mientras pensaba en la juventud que se estaría divirtiendo fuera, una juventud que estaría entre risas y alcohol debatiendo temas que no tienen ni pies ni cabeza en este dia de hoy.
Luis cogió y abrió su armario, buscó una camisa, un pantalón y decidió cambiar plan de viernes noche habitual por ver a la población urbana en acción, sin duda algun aquella mezcla de dos bacardis con cola y los somníferos habían comenzado hacer efecto.
Cuando quiso darse cuenta se encontraba en el dintel de su puerta, con su mejor camisa, con su mejor pantalón, y su libro de Don Camilo descansaba en su mesita de noche. Miró su cartera, llevaba dinero de sobra, por si le hacía falta bien para alcohol, bien para droga o bien para mujeres de la buena vida. Cerró su puerta, se giró sobre sí mismo y se dijo, Luis, descubramos un nuevo viernes noches.
TO BE CONTINUE…