Tuesday, August 14, 2007

CAPITULO 11

La ira se reflejaba claramente en los ojos de Luis que miraba de forma siniestra a aquel joven del que lo último que recordaba era una patada a la altura de su tercera costilla izquierda. Recordaba verlo desde el suelo y veía como jadeaba a sus compañeros de fechorías para que siguiesen aporreándolo y entonces uno le invitó a que él también le diese, no hizo falta más invitaciones, aquel joven le propinó tal puntapié que aún le duele la costilla de solo recordarlo.

 

Lorena no estaba menos concetrada que Luis, miraba aquel joven, pensaba en por qué estaba ella en aquel bar, bailando con un desconocido, era porque le seguía a él, aunque él no llevase el bolso estaba siguiendo aquel asesino en potencia, ¿ahora qué?  ¿qué iba a hacer ahora?

 

No se habían dado cuenta, pero ambos habían dejado de bailar y estabanm mirando fijamente a la joven pareja que estaba absorta en su baile y en sus miradas, Luis dudaba que hacer, ¿para qué lo había seguido?, él no era más que un enclenque no podía hacer otra cosa que entrar en una guerra diléctica pero no física, además el miedo le atenazaba, podía llevar cualquier elemento que sin dudarlo usaría como arma, mientras que él tan solo contaba con sus manos. Lorena pareció leerle el pensamiento, le tiró de la mano y le habló:

 

-          Solos no podemos hacer nada, tal vez juntos podamos, veo que buscas al mismo que busco yo. Le han robado el bolso a mi amiga y quiero recuperarlo, por so acabé en este local.

 

Luis miró a Lorena, aquella chica era más valiente que él sin duda, era capaz de venir sola a buscar algo que ni tan siquiera era suyo, mientras que él tan solo quería limpiar su dignidad y ni tan siquiera era capaz de hacer eso. Lorena parecía decidida a dirigirse hacia aquel chico para decirle algo más que palabras mientras tiraba fuerte de la mano de Luis, pero este estaba petrificado, clavado en el suelo, como sin con el no fuese la historia. Ella abrió los ojos, como instándole a que le siguiese, pero  Luis, por más que quisiese, era incapaz de seguirle los pasos, las manos le sudaban, los ojos se le inyectaban en sangre, el corazón le latía a ritmo de vértigo e incluso comenzaba a ver borroso, de su frente corrían gotas de frío sudor que estaban prácticamente inmóviles antes de sus cejas. Sintió de nuevo un apretón, Lorena seguía tirando de su mano. Podía leer el miedo en la cara de él, una expresión de auténtico terror a enfrentarse a un destino que él mismo había venido buscando. Lorena le soltó la mano, no iba a obligarle a ir a un sitio donde no era capaz de ir. Por un momento se sintió completamente derrotada, descorazonada, como si se le hubiese desprendido un trozo de alma. Sin saber como ni por qué comenzó a caminar hacia el joven, de su bolso sacó una brocha con la que solía pintarse la cara de forma disimulada, aquella que por su parte de atrás era un abrecartas. Cogió al joven de un brazo y lo apretó contra la espalda de este, se acercó a su oído y le dijo:

 

- Ahora muy lentamente, tu amiga, tú y yo vamos a salir por la puerta de emergencia que hay junto al servicio sin llamar la atención y vamos a hablar un rato ¿lo has entendido?

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Wednesday, August 1, 2007

CAPITULO 10

Cada peca de la cara de aquella pelirroja se le antojaba a Nico un mapa para descubrir y sobre el que perderse durante unos minutos eternos mientras ella se contoneaba al ritmo de la música electrónica de la que se contagiaba todo el lugar. La bebida comenzaba a helarle la mano incluso, mientras se evadía en los contonéos de aquella misteriosa chica que le había hecho ruborizarse con algún que otro comentario. Nico no dejaba de mirarla por más que intentaba apartar su vista de ella, ella le sonreía de manera descarada sabiéndose mirada por los ojos de él, le encantaba que la observaba.

 

Nico no lo sabía, pero aquella pelirroja llevaba meses obervándolo en la plaza, llevaba meses escuchándolo hablar con sus amigos, llevaba ensimismada de él desde que de pequeños estudiaban primaria en la misma clase y él ni tan siquiera sabía que ella existía y hoy, hoy estaba solo en aquel local, al que ella había acudido con unas amigas, pero él estaba sólo, sin esos estúpidos que tiene por amigos y que no le dejan hacer nada. Hoy estab allí, tal y como es, como ese niño que conocío en primaria que no tenía maldad en sus ojos y al que nadie había llevado aún por el mal camino que lo estaban llevando aquella panda de delicuentes y mal nacidos. Recordaba a un Nico, dulce, amigable, un Nico con el que incluso había llegado a jugar a las cocinitas, no reconocía en él al Nico de los últimos años.

Por un momento volvió a la realidad y pudo ver a una pareja que no dejaba de observar a Nico, una pareja bastante variopinta sin duda que no hacía más que acercarse más y más por momentos, la cara de él le resultaba conocida del barrio que todos compartían, de la de ella un poco menos. No quiso prestarle mucha atención, Nico seguñia mirándola con una sonrisa boba mientras se contoneaba de derecha a izquierda como si fuese un palo mecido levemente por el viento.

Nico estaba absorto, tenía la sensación de conocer a esa chica, pero verdaderamente no recordaba de qué, no era capaz de intuir ni tan siquiera la relación que podían guardar, además de conocerla se hubises quedado con esa preciosa cara guardada en su retina. Lo que en un principio iba a ser un polvo de una noche de verano estaba empezando a transformarse en un flechazo a primera vista, sus ojos, sus piernas, su pelo, su boca, todo le invitaba a mirarla casi de forma inconsciente e hipnótica, todo se le antojaba precioso en su entorno mientras la miraba, para él no había nada más allí que aquella pelirroja hermosa y él, disfrutando del tiempo, sin saber por qué y sin esperar más Nico se acercó hasta aquella pelirroja hasta que las puntas de sus narices comenzaron a rozarse y los labios a llamarse uno a otro mientras los ojos de él se mezclaban en el fondo de las pupilas de ella. Cuando quisieron reaccionar ambosse fusionaron en un abrazo mientras sus labios pasaban a ser uno solo y sus ojos se cerraron mientras Nico en su interior tan sólo quería que se parase el tiempo.

 

 

 

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