Tuesday, June 26, 2007

CAPITULO 7

“Menudo estúpido, ¿dónde se habrá metido?”

Lorena recorría las calles del centro como una posesa mientras intentaba encontrar a aquel muchacho que se había levantado del banco. Ni rastro. Siguió caminando las calles hacia delante hacia detrás, no había ni la más minima pista de qué camino había seguido aquel proyecto de asesino en potencia, sin duda alguna aquello se le había ido de las manos. Había dejado atrás a sus amigas, se había aventurado en el centro tras un ladronzuelo para recuperar un bolso que ni era de ella y que a buen seguro ni tendría aquel muchacho. Al fin y al cabo lo único que podía coger de él era información, saber donde se renían sus amigos para repartirse el motín. Y una vez que lo supiese ¿qué? ¿Llamaría a la policía? ¿Se presentaría allí y la correrían a patadas? De qué iba a valer todo eso. La melodía de su movil la trajo de nuevo de vuelta a la realidad, era su padre.

- Dime papá.

- Hija, ¿vas  a tardar en volver?

- Supongo que un par de horas.

- Ah bien, bueno pues me voy a acostar.

- Ajam. ¿Está esa señora a la que llamo madre para ayudarte?

- Hija, no hables así, no está, se ha ido…. con…

- Papá no me des explicaciones. Voy para allá a ayudarte.

- No, Lore, no, no es necesario, yo solo puedo acostarme. Ya lo he hecho otras veces.

- ¿Seguro Papá?

- Seguro no, segurísimo. Venga diviertete con tus amigas, ¿vale?

- Bueno, pero si tuvieses algún problema me llamas ¿vale?

- Entendido, buenas noches.

- Buenas noches.

Lorena miró su móvil mientras pensaba que su padre estaba solo en su casa, mientras su madre estaría haciendo lo que su padre ya no podía por culpa de aquel accidente, con algún muchacho de la misma edad que Lorena. Asquerosa arpía.

Lorena decidió tomar una copa, se acercaría al bar de la calle acueducto, aquel del que dio la dirección al hombre del portal 13, para tomar una copa rápida y marcharse a casa por si pillaba a su padre viendo algún programa de la tele.

En menos de 10 minutos llegó al local, el famoso Bar Tequila. La cola casi llegaba al final de la calle. Menuda cola, iba a tardar más en esa cola que en tomarse la copa. Decidió pasearse por la cola para ver si conocía a alguien y así poderse colar. Cuando había recogido casi más de media cola aún no había reconocido a nadie. Claro como iba a conocer, si no tenía más vida que su trabajo y su padre. Siguió andando perdiendo la esperanza por momentos y cuando casi la cola alcanzaba la puerta pudo ver al hombre del portal 13 que pacientemente esperaba, sin dudarlo un momento se lanzó sobre él diciendo:

- Vaya para aparcar el coche a esta hora - aquel hombre captó la indirecta al vuelo.

- Menos mal, creía que no venías - respondió giñando un ojo.

Lorena se acercó a darle dos besos, cuando le dió el primero le susurró:

- Lorena, encantada.

Y cuando fue a recibir el segundo escuchó:

- Luis, encantado también.

En menos de 15 minutos estaban dentro del local dirigiéndose a la barra. Luis miraba por encima de las cabezas, como si intentara encontrar a alguien. 

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Monday, June 25, 2007

CAPITULO 6

Cada paso que daba intentaba ocupar su mente en otra cosa, imagianaba a sus amigos corriendo por los corralones de los callejones antiguos del barrio mientras la policía iba tras ellos como les pasaba mil veces al día. Y todo por 50 euros miseros, algún mp3 o ipod y despues venderlo por menos de la mitad de su valor. La verdad que aquello era triste, muy triste, desperdiciar así su juventud, sin aspiraciones, sin nada que lograr… Y después la policía cogería a un par de ellos, les aporrearían en comisaría y les haría confesar cosas que ni tan siquiera habían y que admitirían tan solo para salir de allí. Así pasaban los días, las semanas, los meses, algunos años…. De vez en cuando algún amigo daba lo que ellos le llamaban “el salto”  y pasaba a vender droga, o a ser chulo de algunas putas para la banda del barrio. Aquella banda que todo el mundo sabía que existía pero nadie hacía nada porque se erradicara, bastante tenían con evitarlos día a día. Nico agachó la cabeza mirando sus puma sparco mientras avanzaba con paso decidido mirando al suelo.
 
Era viernes noche y se acaba de quedar sin plan. ¿Acaso tenía plan? ¿Acaso estar en el banco de la plaza bebiendo sin relacionarse y sabiendo que todo el pasaba les tenía miedo era un plan? No, un plan era quedar con una chica guapa, dar un paseo, ir a l cine, compartir unas palomitas, besarla con amor, no por placer, en fin, un plan era tener una vida un poco colada y no tan dislocada como la que ellos llevaban.
 
Pronto se encontró en la calle enredadera, y pensó en ir hacia el BAR TEQUILA, justo en la calle acueducto, donde sabía que se congregaba mucha juventud. Además el portero le debía dos o tres favores que le tendría que pagar, y que mejor manera que dejándolo pasar. Y así fue, en la puerta se encontraba aquel ser que sus últimas papelas se las debía a los contactos de Nico. 
 

- Nico, ¿qué pasa, qué haces por aqui? ¿No traeras marrones no? 
- Pues no, simplemente quiero pasar a tomar una copa.
 
Al portero se le cambió el rostro, palideció por completo.
 
- Nico, no me hagas la puñeta tío. Sabes que si te dejo pasar y se lía me dejaran sin blanca, joder.
- Tranquilo, no pasará nada, entro me tomo un par de copas y me marcho. Además vengo solo. ¿O tendré que hablar con alguien para que no te venda sus juguetitos?
- Vale tío, estupendo, pasa. - sacó un par de tickets de su bolsillo de la chaqueta - Toma, un par de copas, pero te las tomas y te largas ¿de acuerdo?
- Pues claro, eso era lo que pensaba hacer.
 
Nico cogió los tickets y se metió en el local. Aquelló estaba lleno de gente, gente que bailaba y se amontaba unos a otros, al compás de la música dance que era la reinante en aquel local. La oscuridad era rota por los juegos de luces provenientes de las lámparas de colores que hacían juegos entrecuzándose con las otras.
 
Se acercó a la barra, pidió un Ballantines con Seven Up y se entremezcló con la gente del local en busca de aquella chica con la que compartir palomitas. 

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Sunday, June 24, 2007

CAPITULO 5

Los metros hasta la calle enredadera se le estaban haciendo eternos, entre la desgana que le abatía y los efectos de los bacardis y los somníferos la cosa iba a peor por segundos. Ya ni tan siquiera veía nítida la situación, las caras de las personas las veía borrosas y no tenía nitidez hasta que casi los tenía a un palmo de vista. Había sido una mala decisión cambiar aquella noche sus hábitos de vida, sin duda alguna un craso error. Luis se detuvo en seco mientras intentaba ver las agujas de su reloj que parecían haberse propuesto no quedarse quieta. Ahora entendía aquel aviso de los prospectos que dicen no mezclar bebidas alcohólicas con medicamentos, menuda razón que llevaban. Se esforzaba por agudizar la vista en las agujas, entrecerraba los ojos achinándolos como si aquello le supusiera un enorme esfuerzo. Menuda mierda. Las agujas se burlaban de él, puesto que le parecía que marcaban las nueve menos cuarto, o su reloj se había parado y ni se había dado cuenta o su mente le estaba jugando una mala pasada. Reanudó la marcha, casi deambulando, en una de las calles, a su izquierda pudo ver una máquina expendedora de botellas de agua, sin dudarlo se acercó a ella e introdujo una moneda para sacar una. Nada más la tuvo en su mano se bebió casi la mitad de un sorbo y la otra mitad se encargó de esparcirla por su cara. Ahora estaba mejor, ahora lo veía todo un poco más claro. Ahora podía ver los rostros de las personas al menos a 10 metros de distancia y no que antes parecía fantasmas con piernas que deambulaban tranquilamente por el centro de la ciudad.

Por fin llego a la esquina con la calle enredaderas, parecía que no iba a llegar nunca. Miró hacia delante y se le electrizó hasta el último vello de su nuca, a unos 15 metros por delante suya estaba aquel chico del banco de la plaza, al que se había quedado mirando. Seguramente le habría pasado cuando se paró a tomar agua. Aquel malnacido ya le había hecho alguna que otra vez una de las suyas. Con su cara de niño bueno, de no haber  roto un plato, no era más que un gran hijo de puta en el cuerpo de un niño de unos 18 años. Luis se agarró su costado intentando asir una de esas costillas que con su amable patada le rompió hará ya cosa de dos años, cuando después le robaron en su casa. Eran  menores por aquel entonces, nadie les hizo nada, sólo tuvieron que limpiar la plaza del barrio, que ellos mismos ensuciaban, y con eso se dio por hecho que se había arrepentido. Les obligaron a devolverle lo sustraído y poco más. Pero para aquellos sinvergüenzas él era vulnerable y eso no podría devolvérselo nadie, nadie podía devolverle aquella dignidad perdida en esa tarde de verano, en la que la sangre de su nariz bañaba los adoquines de la calle de la espalda de su bloque. Nadie se la podía dar excepto él mismo. Hoy tenía que ser el día en que se recuperara. Había decidido cambiar aquella noche, había decidido dejar de ser aquel hombre solo, triste y abatido que había sido durante 45 años. Sentía la necesidad de ser feliz y esta noche lo iba a ser, y parece que el destino le iba a dar la oportunidad de resarcirse, al menos en lo que a su dignidad se refiere.

Como si de un detective se tratase comenzó a seguir a aquel joven, agazapándose detrás de las personas, esperando que no le descubriese o todo el plan se podría ir al traste, tenía que cogerle desprevenido y recordarle todo y cada uno de los insultos que le había dicho, recordarle aquel mes en cama esperando que sus costillas consolidaran, el bochorno de saber todo el barrio lo que le habían hecho y que lo comentaran, en los bares y hasta en la panadería.

Pero… ¿qué iba a hacer él? No tenía fuerza suficiente para poderle doblegar, ni tampoco llevaba nada pero reducirlo y daba por seguro que aquel elemento llevaría algún tipo de arma encima, bien de fuego, blanca, algún puño americano… algo llevaría para hacer esas “macarradas” con las que tanto disfrutaban. ¿Cómo iba a reaccionar? Luis tampoco quería hacerle nada, sólo asustarlo y demostrarle que no se pude ir por la vida amedrentando a las personas, porque todo tiene un momento y ese momento es cuando te encuentras a alguien que está igual de loco que tú pero que tiene aún menos que perder. Y precisamente aquí ninguno de los dos tenía nada que perder.

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Friday, June 22, 2007

CAPITULO 4

Aquel estrépito sonido del tubo de escape de un ciclomotor sacó de las risas a Lorena y sus amigas que se saludaban efusivamente, unos metros más atrás y a pie, dos policías locales corrían como posesos tras el vehículo mientras hablaban aceledaramente por el Walkie. La moto se dirigió al lugar donde los niños cafreaban con la farola y todos salieron corriendo, todos menos uno, que son sus manos en los bolsillos salió caminando tranquilo, la policía corrió tras los que salieron conrriendo, pero al que iba andando nadie les pretó atención.

 

Metros más atrás apareció Nuria también corriendo tras la policía, jadeante casi sin aliento. Sin duda alguna aquella amiga tenía algo que ver con todo lo que estaba pasando. Todas salieron corriendo a su encuentro. No tuvieron que preguntarle.

 

- Los niñatos esos….agh agh - intentaba tomar aire - que me han robado el…. aghh aghh …bolso los muy mal nacidos.

 

Uno de los policías se acercó a Nuria renqueante y con la mano en el costado. Aquel joven no tendría más de 27 años, se le veía atelético, pero la verdad que parecía venir completamente agotado de aquella carrera.

- Señorita, tendrá que interponer denuncia de robo en la comisería, tenemos a un patrullero tras el ciclomotor. ¿Se encuentra usted bien, aparte del susto?

- Sí agente, pero la verdad que tengo el brazo un poco dolorido. Por lo demás estoy completamente bien.

- Bueno, le dejo con sus amigas y vuelvo al coche patrulla….¡malditos niñatos! Qué rápido se vinieron para la zona peatonal.

- Se conocen el barrio como la palma de la mano….- dijo Lorena.

- Si fuese solo el barrio…- dijo el agente mientras marchaba hacia el coche patrulla cuyas luces se podían ver unos 600 metros al fondo de la calle.

 

Nuria contó a sus amigas el robo de su bolso e informó pormenorizadamente del contenido del mismo. Lorena pensó “hoy es día trece, esto es lo mínimo que nos podía pasar”. Por unos instantes se abstrajo de la conversación y pensó en el chico que se fué andando. “Qué pena de chavales, apenas rozan los veinte años y ya tienen su vida perdida, como si con ellos no fuera el paso del mundo. Creen que lo saben todo que no tienen nada por descubrir y no saben que llegará un día en el que no sepan que han hecho con su vida y ese día se arrepentirán de todos y cada unos de sus actos.

- Nuria, vamos a recuperar tu bolso -dijo Lorena.

- ¿Pero qué hablas Lore? La policía ya se ocupa de eso y ya he dicho que solo tenía 30 euros y el móvil que lo demás es solo maquillaje…

- ¡Pero crees que podemos vivir así! Siempre pensando que nos puede pasar detrás de cada esquina, sin estar seguros ni tan siquiera en casa. A saber a cuantas ancianas habrán arrastrado por el asfalto, asidas a su bolso. No es justo que aguantemos esta plaga de niñatos y que hagan lo que les venga en gana. Uno de ellos se fue sin correr en aquella dirección que yo estaba pendiente. ¿Quién viene?

Ninguna de sus amigas quiso secundar la moción.

- Estupendo ya veo lo sumisas que sois. Me parece de lo más estupendo. Pues nada, si lo recupero no me deis las gracias, porque no las necesito. Menudas estáis hechas…

Lorena apretó el paso por la misma calle que marchó aquel niño. Estaba dispuesta a cogerlo, pedirle una explicación y exigirle el bolso. Al fin y al cabo qué era ¿Un niñato joven? No iba a dejar que se saliera con la suya, al menos nos esta vez, ya estaba bien de abusar de las personas, bastante tenía con ver los abusos de su casa como para encima tener que soportar los abusos de la calle, los abusos de una sociedad que ni ella misma sabe hacia donde se encamina, una sociedad que esperpénticamente se conforma con pasar los días mientras no hace nada porque esos días cambien. Pero…¿y si iba armado? ¿y si le sacaba una navaja o cualquier otra cosa? ¿Qué haría? Aquel chico no tenía mucho que perder, pero… ¿y ella? Lorena llegó a una conclusión, el mundo no notaría su perdida, apretó aún más su paso.

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Tuesday, June 19, 2007

CAPITULO 3

Como tantas noches en la plaza, Nico tonteaba con sus colegas de parranda, la edad del pavo les había superado haría unos tres, cuatro años, pero ellos seguían empecinados en hacer el cafre, superando todos ellos la mayoría de edad aquellas fechorías que de niño eran llamadas travesuras ya podían tener la categoría de delito, pero a ellos les daba igual. Nico era de los más tranquilos de aquella panda, seguía yendo a clase, pasaba de malos rollos con las drogas pero disfrutaba haciendo el burro con sus colegas. Colgado de aquella farola de la plaza Encrucijada miraba hacia el portal 13 de la calle piedras. Aquel portal había sido donde la mayoría de sus fechorías de niño se habían cebado con un soltero empedernido con caras de pocos amigos, tenían incluso localizado su piso, aquel tercero al que en su puerta habían dejado gatos muertos, mierdas de perro, de todo, al que una vez se colaron y robaron después de robarle las llaves a quel desgraciado tras darle una pequeña paliza, en definitva era una pandilla de locos en potencia.
 
- Illo Nico, ¿que divisas desde lo alto de la farola? 
- Una puta gorda en la puerta del portal 13 .- contestó a viva voz para ver si la misma se enteraba. Ni flores,
- Po vaya, ¿pero tiene algo aprovechable…? 
- Como no sea el bolso…
 
Nico se bajó de la farola de un salto y sacó un cigarro del paquete que llevaba en su bolsillo de atrás y comenzó a fumar lentamente  mientras miraba aquella morena de pelo largo que estaba frente al portal
 
- Lo mismo es una de las putas baratas que llama el desesperado del tercero….Con esas medias….
 
La panda de criminales en potencia comenzó a reir la ocurrencia de Nico que se sonrió ante las risas de sus amigos. Mientras la miraba unos niños chillaron desde el cuarto piso. Joder, Nico se acordaba de cuando tenía aquella edad y jugaba en la plaza al futbol usando los bancos de portería. Como habían cambiado las cosas en tan pocos años, ahora los balones eran sustituidos por las playstations y los ordenadores, ya no se jugaba a las  chapas, sino al pro evolution ya no se llevaba aquello de dejar cartas de amor en el estuche, ahora se enviaban e-mails o se hablaba por el messenger. Un fenómeno, aquello no era más ni menos que una necesidad a partir de la evolución humana. Qué manera más extraña de avanzar, perdiendo todo contacto físico.
 
Sus colegas reían con fuerza, Nico volvió a realidad escuchando aquellas risas, se reían de un pobre hombre, sin techo, que se pegaba a él mismo sentado en un banco, y entre golpe y golpe recogía colillas del suelo.
 
- Ese se come hasta las cáscaras de las pipas que se encuentra, jajaja - espetaban unos.
- Seguro que se pelea con las palomas por los trozos de pan, jejeje - reían los otros.
 
Nico pasaba de eso, no le gustaba reirse de la desgracia ajena, porque la suya podía venir de camino. Las circunstancias de la vida mandan y son las que te colocan en un lugar u otro. Así son las cosas, uno puede ser el más santo del mundo que con estar en el sitio equivocado en el momento menos propicio, puede cabar involucrado en un gran problema, o al menos así pensaba. Eso le había pasado a él, que había nacido en un barrio complicado, con unos amigos complicados, pero con una familia humilde y estupenda que es la que le había inculcado unos valores que otros intentaban que desapareciesen. Miró hacia el portal 13, aquel desgraciado del que se habían reido en multitud de ocasiones estaba hablando con la joven gorda.
 
- Definitivamente es su puta - dijo Nico, ahí desaparecían sus valores.
 
Todos rieron fuertemente mientras gritaban todo tipo de improperios. El tío del tercero dejó allí a la chavala y se marchaba con las manos en los bolsillos, iba a cruzar la plaza e iba a pasar junto a ellos.
 
- Ahí viene el tonto del barrio, ehhhhh subnormal, ehhhhh
 
El hombre cuarentón ni tan siquiera miró, ni tan siquiera apretó el paso. Siguió caminando con las manos en los bolsillos.
 
- No tendrás suelto para darnos algo, ¿no?
- ¿Dejas allí a tu puta ehhh? 
 
Justo cuando pasaba a la altura de Nico levantó la cabeza y miró a la derecha mirándolo fijamente a los ojos. Nico vio la ira contenida en su mirada, los odiaba sin duda y seguro que disfrutaría viéndolos muertos. Tampoco le podía culpar llevaba razón.
 
A lo lejos el sonido del escape de una moto les hizo volver a mirar, eran dos de su pandilla que venían a toda pastilla con un bolso colgando de la mano del paquete, a los lejos les oía decir… “Que viene la pasma, que viene la pasma detrás”
 
Toda la pandilla se dispersó corriendo, Nico tiró lo que le quedaba de cigarro se bajó del banco y comenzó a andar con las manos en los bolsillos detrás del cuarentón, aquello no iba con el, lo del bolso era cosa de otros, Nico prefería seguir a aquel hombre que tan firmemente le había mirado a los ojos.
 
TO BE CONTINUE…
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Monday, June 18, 2007

CAPITULO 2

Lorena miraba el reloj detenidamene en la puerta del portal número 13 de la calle Piedras, donde siempre quedaban para esperar a sus amigas, a ella la superstición le podía, odiaba el número 13 y sabía que sus amigas quedaban allí para fastidiarla. Además hoy era colmo, también era día 13, tan solo faltaba que fuese martes y que un gato negro se le cruzara delante de sus piernas preciosa aquellas noches con esas medias de rejilla, preciosas si midiese 45 cm más y pesara unos kilitos menos, pero lo que importaba es que ella se encontraba feliz estando como estaba.
 
Miraba el reloj impaciente, odiaba ser la primera, pero odiaba llegar tarde, era manía, y sus dos odios se contradecían el uno con el otro y eso era un problema porque era muy maniática. Nunca repetía chaleco en la misma semana, y mucho menos sueter o zapatos, ni tan siquiera chancletas en verano. Siempre comía en plan vegetariano y odiaba la carne, tan solo verla le hacía pensar en vomitar. Todavía no eran ni las diez menos cuarto de la noche, unos niños, a la altura del cuarto piso, se asomaban al balcón y una y otra vez y lanzaban gritos de risas y juegos. “Felices” pensó. “Cuando trabajéis me habláis de vuestras risas felices” . Y es que esta joven de apenas 26 años trabajadora desde los quince, odiaba su trabajo. Trabaja en el dpto de reclamaciones de una gran superficie, en donde solo recibía quejas y más quejas por el servicio, donde solo escuchaba problemas y nunca alegría, ni nadie le dejaba propina, ni le agradecía el trabajo bien hecho, así era todo. Problemas, problemas y más problemas, al a llegar a casa seguían los problemas, aquellos malos tratos de su casa, aquella mujer que pegaba a su marido, inválido desde que ella era una niña. Un padre al que ella misma sacaba adelante entre su triste sueldo y la pobre pensión del minusválido. Y sus amigas le hablan de novios….¡¡¡Por favor!!! Bastante tenía con vivir su vida, además un novio se llevaría con ella un paquete doble, porque lo que estaba claro es que a su padre no le abandonaba en los brazos de aquella arpía que tenía por madre.
 
Mientras esperaba pudo ver como la juventud se iba congregando al rededor de los bancos de la plaza que había cerca de la calle piedras, siempre se tomaban allí su botellón, siempre hasta que llegaba la policía para su aplicar la nueva ley seca que nos les permitía beber en la calle. Una ley estúpida a su ver, porque ella al menos se consideraba civilizada, aunque no podía decir lo mismo de los niños que colgaban ahora mismo de una  de las farolas decorativas del precioso centro de su ciudad. Estaba claro, esta juventud cada día tardaba más en madurar.
 
Sobre las diez y cindo, sus amigas aún no habían llegado, se abrió el portal, un hombre de unos 40 años, de aspecto triste y ojeroso, vestido de forma cutre y anticuada, abrió la puerta del portal 13 y salió de ella cerrando tras de sí con un fuerte portazo.
 
- “Buenas noches”
- “Buenas….” - contestó Lorena ante la mirada que le estaba echando aquel tipejo.
- “Perdona, ¿un lugar para salir de marcha? Es que hace tiempo que no salgo por aqui”
 
No hacía falta que lo jurara, su ropa lo delataba sin duda alguna.
 
- Bueno..puede coger Ud. la calle del que hay justo enfrente, allá seguirla hasta la calle enredadera, unos metros dentro de la misma la segunda o la tercera gire a la derecha en la calle acueducto y justo allí hay un bar al que suele ir mucha gente.
- Muchas gracias. Que pase una buena noche.
- Lo mismo para usted.
 
Aquel hombre metió sus manos en sus bolsillos y siguió caminando la dirección que le había dicho la chica, al menos unos metros más…
 
- ¡¡¡Lorena….que pasaaaaaaa!!!
 
Lorena volvió la voz al grupo que le había llamado
 
- A buenas horas llegáis, niñatas - sonrió. 
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Sunday, June 17, 2007

CAPITULO 1

La luz tenue de su baño le hacía reflejarse en su espejo más pálido de lo que parecía, su escuálida cara, sus ojeras de años atrás, parecían pesar más de lo acostumbrado ante aquel espejo. En su mano se encontraba esa hermosa herramienta que hacía que sus noches de insomnio se transformaran en noches de paseo a los brazos de morfeo, al son de una serenata que recordaba a lo lejos en su memoria como un vago recuerdo de su padre.
Ni tan siquiera Luis sabía por qué llevaba 45 años de su vida solo sin querer tener compañía de nadie, ni de hombre ni de mujer y menos cuando por el sexo se podía pagar y al menos te quedaba una sola de tus manos. No entendía la vida en convivencia, no entendía el dar explicaciones, disfrutaba cada segundo de soledad como si en una mulitudinaria orgía se encontrase o como si estuviera disfrutando de la mayor fiesta de su vida. Cada vez que sus padres venían a visitarle y les reprochaba su forma de vida no hacía más que pensar que era un puo trámite porque el que tenía que pasar una vez al mes. Normal, ellos llevan juntos desde los quince años, como les va a explicar a ellos lo que es la soledad si esa palabra la tacharon del diccionario. Ni quinientos kilometros de distancia que es a lo que se encontraba de ellos eran capaz de retraerlos de su visita mensual. Mal invento las compañías de Low Cost y aquel curso del ayuntamiento de internet para jubilados.
Luis se tomó su pastilla mientras ponía la pasta de dientes sobre su cepillo verde transparente, de aquel verde de dado de casino. Se miró de nuevo al espejo y se dijo a sí mismo: “Para qué necesitas a nadie” Con fuerza introdujo el cepillo en su boca y comenzó a cepillarse con fuerza y brío con tanto brío que le comenzaron a sangrar las encías. “Mierda” pensó.
Tras secarse la boca y apagar la luz comenzó a caminar lentamente por el pasillo. Los pasos de los niños del piso de arriba le hacía retorcerse en sí mismo nada más que cuando piensa en formar una familia. De la mesa del salón cogió aquel libro que el tiempo le había hecho gastar de Don Camilo, mil y una veces lo había podido leer pero nunca dejaba de fascinarle las historias de aquel cura. Paso a paso fue avanzando camino de su cuarto, paró en el reloj de pared eran las 22:00 de un viernes 13, aquello sonaba a película de terror barato. Se estaba dirigiendo a su cama, ¿qué mejor plan se puede tener para un viernes noche? Desapó su cama lentamente, mientras pensaba en la juventud que se estaría divirtiendo fuera, una juventud que estaría entre risas y alcohol debatiendo temas que no tienen ni pies ni cabeza en este dia de hoy.
Luis cogió y abrió su armario, buscó una camisa, un pantalón y decidió cambiar plan de viernes noche habitual por ver a la población urbana en acción, sin duda algun aquella mezcla de dos bacardis con cola y los somníferos habían comenzado hacer efecto.
Cuando quiso darse cuenta se encontraba en el dintel de su puerta, con su mejor camisa, con su mejor pantalón, y su libro de Don Camilo descansaba en su mesita de noche. Miró su cartera, llevaba dinero de sobra, por si le hacía falta bien para alcohol, bien para droga o bien para mujeres de la buena vida. Cerró su puerta, se giró sobre sí mismo y se dijo, Luis, descubramos un nuevo viernes noches.

TO BE CONTINUE…

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