CAPITULO 14
- Calle y acelere por favor - Lorena miraba a la chica a los ojos llorosos casi vueltos en blanco - Tranquila ricura, tranquila te vas a poner bien, de verdad. ¿Cómo te llamas?
- Me… me… tengo frío…
Lorena la abrazó fuertemente mientras se balanceaba hacia delante y hacia detrás.
- Yo te abrazo, tranquila, de verdad, aguanta, ya queda poco. - Lorena se dirigió al taxista entre sollozos - ¡Queda mucho para el jodio hospital!
- Señorita calmese, que le puedo asegurar que estoy tan histérico como usted. Esa chica se muere, ¿no lo ve? Y va a ser en mi taxi, en mi jodido taxi, en mi puto y jodido taxi. No se como se ha hecho eso pero ni quiero saberlo, pero no tiene nada de buena pinta, joder, joder, joder. Está cada vez más pálida, no vamos a llegar.
- Acelere, por favor acelere, si no quiere que esta chica se quede en el sillón de atrás de su taxi para toda la vida, acelere por lo que más quiera, porque siento que se me va, que se me va de los brazos- Lorena la miró llorando - Ya ni nos oye, ni es consciente del dolor - Miró el fular que taponaba la herida, estaba empapado en sangre - Se va, se marcha… sólo espero que no este sufriendo más dolor del que ya lleva encima.
El taxista miraba la escena conmivido a través del retrovisor interior, mientras intentaba no perder la atención de la conducción esquivando vehículos y saltando semáforos en rojo, mientras un pañuelo blanco condeba de su ventanilla y llevaba los cuatro intermitentes accionados. En un cruce una patrulla de la Policia Local se les unió y comenzó a escortarle camino del Hospital, ahora todo parecía más fácil.
La chica pelirroja fue depositada rápidamente en una camilla, estaba blanca como la nieve y lleva los ojos semicerrados, balbuceaba palabras incoherentes y no respondía a ningún estímulo.
- ¿Es ud. familiar? - preguntó el médico mientras le preparaba la guía para el suero.
- No.. - acertó a responder Lorena conmocionada.
- ¿Sabe ud. si es alérgica a algún medicamento?
Lorena negó con la cabeza.
- Yo solo la recogí cuando estaba malherida.
La camilla se perdía por la puerta de urgencias llevada por los médicos con una enorme precisión… a lo lejos se podían distinguir los gritos de los médicos pidiendo que preparasen el quirófano, aquella herida había que cerrarla, al menos antes de que fuese demasiado tarde.